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De eso se trata - Por Dualidad 101217 -
No importa si fue una mañana, o si fue una noche (el tiempo siempre le esquiva su esencia a los almanaques) cuando sucedió el golpe, el acto que tornó a la voluntad hoja seca bajo los pies del más poderoso; cuando el destino y la fortuna parieron el primer trazo de la vivencia del miedo. Reaccionar, o no. Dejarse caer, o imponerle mayor fuerza a la propia caída. Responder a la ofensa con un tajo firme en la otra mejilla, de manos propias, para enseñar que no hay mayor herida que la que uno mismo se provoca. De eso se trata.
-2- Es el espacio, la hora y el clima. Pero hay más: el preciso instante en el que el cúmulo de decepciones y la montaña de esperanzas se erigen frente a frente en disposición de rajarse la cara sonriendo y llorando, aunque todo ocurra dentro del corazón. Drama del no drama, histeria de una repetición de siglos, ese perenne libre albedrío que consiste en repetir lo que alguno dijo/hizo/sintió como si fuese propio pero que no lo será jamás, a la manera de la ola y la nube, nunca iguales, siempre parecidas, y aún así dibujando su irrepetibilidad para los ojos entrenados. -3- Amaneces con ganas de que te quieran, como siempre. Hagas lo que hagas, todo se trata de no haber cambiado en ese aspecto. Dices, callas, hablan y exponen, pero el circulo va siempre por la misma esfera, por encima del verso que quiebra de un tajo siglos enteros, por debajo de intuiciones que edificarán el devenir de un tiempo del que quizá no habremos de beber jamás. Y así seguir, arrastrando lo que también empujamos, sosteniendo lo que en algún punto nos eleva por encima de lo que somos, fijándonos en lo que dejaremos de ser, casi sin culpa en ello. -4- Me darías el espejo, la posibilidad de ese reflejo en el que vería el desastre absoluto de mi propio pesar, y el orden perfecto de todas mis carencias. Por mi parte, haría de lo que queda de mí el lienzo barato con el que el aprendiz ensaya su obra, para decirte: adelante, hazlo. Del modo del árbol que aprende a callar, sabré tu altanera risa, tu humilde modorra, el quieto suplicio de tus manos cuando callan por la violencia de tus emociones, sin siquiera moverme, en constancia de ofrecimiento. A ver si de repente recuerdas aquello que imaginaste antes de pensarme. -5- ¿Cuánto tiempo? Es como en las películas de terror, sabemos el cómo, sabemos incluso el por qué, pero nunca sabemos en qué momento, el cuándo. Yo sigo ahí, al borde de mi propio fondo. Mintiéndome, mintiéndole a todos, defendiendo hasta el absurdo esta careta que alguna vez no lo fue. Demasiados vacíos para tan poca edad entre las manos, y siempre en medio de ese golpeteo depresivo para el cual haría falta tan sólo el grupito exacto de pastillas, la confesión cara a cara de una realidad que no cambiaría en nada por sólo decirla, lastimosamente. Dejar de creer, dejar creer. - © Dualidad101217-
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La noche
El ibro de los abrazos
(Eduardo Galeano- Uruguay ,1940)
No consigo dormir.
Tengo una mujer atravesada entre los párpados.
Si pudiera, le diría que se vaya; pero tengo una mujer atravesada en la garganta.
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